martes, noviembre 30, 2004

No creo decir ninguna tontería si digo...

... que es una tontería creer en la justicia universal. A cada paso, cada día, tengo constancia de ello. No existe, no puede existir. Y sin embargo creo en ella.

Tengo la firme creencia de que a cada cerdo siempre le llega su sanmartín, de que a cada santo tarde o temprano le regalan su aureola, de que a cada acción le llega siempre su respuesta.

Mi creencia en la justicia universal se resume de la siguiente manera: tengo la firme certeza de que la vida termina colocando todo en su sitio; pero esa certeza se convierte en creencia al darme cuenta de que cuando llegue ese momento yo puedo no estar allí para verlo, o de que el sitio en el que la vida termina colocando algo no es el que yo pensaba que sería. Es decir que las reglas que articulan esa justicia universal no me son conocidas.
La única que conozco es el axioma de que a una acción le sigue una reacción. Si una acción es beneficiosa le sigue el beneficio, y si es perjudicial le sigue el perjuicio.

Es decir que mi justicia universal no me sirve para nada, porque no la entiendo. Pero no me cuesta actuar como si la entendiese. Es lo bueno de tener un código interior: solamente tienes que preocuparte de actuar conforme a él y a lo que sabes y ves en ese momento.

Creo que una de las lecciones más duras que he tenido que aprender en mi camino es a dejar eso de lado, a flotar en el limbo en la mitad de todo, sin llegar a ninguna parte. Mis opiniones no tienen validez porque intentan tener en cuenta todos los puntos de vista: desgraciadamente cuando se tienen todos los puntos de vista la opinión deja de existir y se tiene la realidad; y esto es así porque sobre la realidad no es necesario opinar: a la realidad no le importan las opiniones. No las necesita para seguir siendo lo que es. Es por eso que mis opiniones no son opiniones, sino intentos de síntesis.

"Una pistola es mala, mata gente"
"Una pistola es buena, puede ayudarte a proteger a tu familia"
"Una pistola es tal porque cual"
"Una pistola es cual porque pascual"

Y al final con lo que te quedas es con "Una pistola es buena o mala, dependiendo de las circunstancias", y un paso después con "Una pistola es". Es decir, te quedas con algo que no sirve para nada decirlo, porque la mayoría de las discusiones que he presenciado surgen, no porque no se tengan en cuenta las opiniones ajenas, sino porque la opinión propia es tomada como regla y las ajenas como excepciones a esa regla. Y eso en el caso en el que no se desechen sin más. Las discusiones no buscan la síntesis, sino el intercambio. Son enriquecedoras precisamente por esto. Pero lo serían más si después del intercambio hubiese una labor de síntesis, de integración de opiniones.

Una opinión es, por defecto, un punto de vista. Y un punto de vista es una perspectiva. Y una perspectiva es una imagen de algo. Y una imagen de algo no es ese algo; no puede serlo. Es solamente una parte. Por lo que se discute es por ver qué parte es la más importante.

Yo, particularmente, he aprendido que no es más importante el frontal de una catedral que su girola, ni las bóvedas más que el suelo. Intento ver las cosas como un todo completo: una catedral. Todas las partes son importantes, sencillamente porque ninguna de las partes es nada sin el resto. Habrá quien dirá, seguramente, que hay partes que son vitales: los cimientos, las paredes, los elementos estructurales, etc, y es correcto. Pero lo que convierte a una catedral en una catedral no son solamente el suelo, las paredes y el techo: es todo. Las paredes, los cimientos, etc etc, son comunes a cualquier edificación que queramos hacer. Son las vidrieras, los arcos, las tallas, el rosetón, y el resto de elementos los que, en conjunción con esos elementos vitales, convierten esa edificación en una catedral.

Y cuando haya visitantes habrá quien prefiera las altas bóvedas de crucería, habrá quien se fije en los arbotantes, habrá quien se quede embelesado con los frescos de las cúpulas, habrá quien prefiera pasear entre las columnas y ver cómo se pierden en lo alto, habrá quien disfrute viendo la catedral en la distancia y ver cómo se refleja en sol en la cúpula central...

Una opinión no es ni válida ni desechable: tiene la misma importancia que cualquier otra, independientemente del valor que le den las circunstancias. Y esta importancia es ni más ni menos que cero. El valor que se le otorga ya depende de nosotros y, repito, de las circunstancias.

Si sacamos a la palestra a un cirujano y a un mecánico vestidos con sus uniformes de trabajo, tendremos más en cuenta las opiniones de aquel que las de éste si se habla del modus operandi de colocar un bypass, mientras que si se habla de la sustitución del turbocompresor en un motor diesel se hará más caso del mecánico que del cirujano. Y las afirmaciones de ambos nacen del fruto de su experiencia en ambos casos.
Ahora bien, si el cirujano y el mecánico entran con los trajes cambiados, entonces pasará lo mismo y nadie notará que el "cirujano" nunca ha sostenido un bisturí ni que el "mecánico" únicamente ha cogido una llave inglesa para montar una cómoda del Ikea. Solamente sucederá que si hay algún estudiante de medicina entre los espectadores que esté tomando notas de lo que dice el "cirujano", lo mismo dentro de algunos años se carga a un paciente; o que si algún padre de familia toma cumplida nota de las instrucciones del "mecánico" para cambiar el turbocompresor, es posible que si intenta llevarlas a cabo tenga que cambiar el motor del coche.

Una opinión es como un culo, como reza nuestro rico acervo popular: todo el mundo tiene uno. Sobre algo y por algo.

Yo doy preponderancia a la opinión de mis amigos, mi gente querida, sobre el resto del universo porque decido hacerlo así. Pero soy consciente de que si no conociera a los que ahora mismo forman mi círculo, y que si tuviera otros amigos, la opinión a la que daría preponderancia sería a la de ellos, y a la de aquellos les daría la misma que doy ahora a los que caen fuera de mi círculo: ninguna.

Sí, hay opiniones que tienen más valor que otras: pero ese valor es completamente circunstancial.

lunes, noviembre 22, 2004

Pues tenía pensado un post sobre la mediocridad y el equilibrio...

... pero tendrá que esperar. En lugar de eso voy a escribir sobre algo que me ha llamado siempre la atención: las interrupciones en las conversaciones.

Desde que comencé a participar en conversaciones, tertulias, discusiones o simples intercambios de ideas me acostumbré a la idea de que para conseguir entender a la otra persona es necesario dejar que su exposición sea completa. Creo que es algo lógico y que ayuda a que el entendimiento de lo que llega como palabras sueltas se convierta en el entendimiento de un discurso.

De manera que, desde prácticamente el principio, me acostumbré a escuchar más que a intervenir en las conversaciones en las que participaba, y cuando participaba lo hacía después de haber escuchado bastante; cuando me parecía que podía dar una opinión o mesurada y equilibrada o plantear una pregunta interesante.

A lo que no me he acostumbrado, por desgracia, es a que las personas interrumpan el discurso de otra, y a menudo me he preguntado por qué ocurre. Las pocas (poquísimas) veces que ha ocurrido que yo interrumpa a alguien se ha debido a que sentía una mezcla de afán de querer comunicarme, deseo de ser entendido e incapacidad para matizar o para que la otra persona me entienda.

Y esto viene motivado por una discusión que surgió entre varios jugadores de una partida de Mundo de Tinieblas magistralmente arbitrada por el Emperador, que tuvo lugar anoche en el Palacio Imperial. La discusión me pareció muy interesante porque aprendí varias cosas que no sabía sobre Mundo de Tinieblas, y alguna que otra sobre mis contertulios, el arriba mencionado master, la bella Rapunzell, el gran Athair y la preciosa Tindriel. Rapun resume en su blog (acabo de leerlo preciosa; el placer es mutuo) el quid de la cuestión acerca del tema de la discusión, de manera que no voy a repetirlo aquí; animo a mis lectores a que le echen un vistazo a su entrada sobre el tema.

La cosa es que fue interesante, apasionante en verdad, porque el tema daba para ello y mis compañeros son escepcionales. Pero ocurrió algo que me sorprendió.

Yo no soy más inteligente que cualquiera y sin embargo me dí cuenta de que la conversación fue, de alguna manera, circular. O por lo menos lo fue para mí. Y ocurrió porque fue al principio de la conversación donde se dieron los argumentos principales y donde se dieron a conocer los puntos de vista; y luego se fueron repasando y matizando conforme fue pasando el tiempo. Y al final me dí cuenta de que la posición de consenso a la que se había llegado hubiera sido posible si tanto unos comos otros hubiéramos hablado continuadamente y sin interrupciones. Es decir, desde el principio entendí a ambas posturas y me dí cuenta de que ambas hablaban en distintos idiomas; estaban en distinto contexto. Si entre todos hubiéramos hecho el esfuerzo consciente de acercar posturas hubiésemos ahorrado en malentendidos.

Para acercar posturas el único proceso que se me ocurre es el de, primero entender la postura ajena y luego ser capaz de transmitir la propia. Y si esto ya es difícil de por sí, al añadirle el handicap de que no es nada facil comunicar algo cuando el discurso es constantemente interrumpido a la mitad tendremos una receta ideal para no entender nada de nada.

Soy consciente de que una discusión improvisada como la de anoche no se presta a largos discursos; pero en esto, como en todo, hay un punto medio (que no es mediocre sino equilibrado).

Es por eso que me gustan tanto los blogs: son un lugar donde la gente puede permitirse el lujo de tomarse tiempo para escribir y para hacer un discurso completo acerca de cualquier tema, algo que en una conversación en tiempo real y cara a cara no suele ser posible.

Me encantan los discursos. Más de una vez he pensado en organizar en mi casa alguna tertulia al estilo del simposio de "El Banquete" de Platón. Sería interesante proponer un tema y dejar que mis compañeros hablasen sin interrupción durante todo el tiempo que quisieran acerca de ese tema. Sería muy interesante y enriquecedor.

lunes, noviembre 15, 2004

Tristeza

Hoy es uno de esos días en los que parece que uno entra a la vida por la puerta de atrás. O lo parecería si no fuera porque he entrado por la puerta principal.

Nunca he huido de la tristeza. Jamás. Antes, cuando era una protección para mí, incluso la llamaba. No era que la amase, pero todo eran ventajas si estabas triste. Siempre me ha gustado estar conmigo mismo y es en los momentos de tristeza cuando tendemos a profundizar más en lo que somos, en los que estamos más sensibles, en los que prestamos más atención a las subterráneas corrientes que nos atraviesan. Y siempre solía tener claro qué razón o razones habían provocado mi tristeza. De hecho me sobraban razones para estar triste. Era especialista en encontrarlas.

No es que fuese retrasado. Simplemente era más tonto que ahora. Y más pequeño.

Y ahora que mi mundo tiene colores, olores y sonidos; ahora que tengo claridad de visión en muchas cosas que antes eran oscuras, que he aprendido a aceptar cada vez más los mecanismos que mueven lo que conforma mi mundo; ahora que me siento más cómodo con lo que soy y tengo cada vez más claro qué quiero ser... ahora llega una tristeza completamente distinta a la que antes haya sentido.

La he descubierto este año. Es una tristeza sin razones, una tristeza profunda, pura y simple. No quita vigor a mis miembros ni a mi mente ni quita sentido al mundo. No hace que me quiera suicidar ni me hace plantearme que esta vida sea una mierda. No es algo destructivo ni conmigo ni con nadie. Es algo más profundo y en cierta manera más intenso. No sólo no me quita visión ni sensibilidad sino que me hace percibir más claramente qué pasa en mí y alrededor de mí. Es una puerta hacia algo, pero no sé hacia qué.

Claro que, como tantas otras cosas, estoy aprendiendo a aceptarla y a ver que también pasará. ¿Quién sabe? A lo mejor es para bien.

Esta mañana me he levantado con lágrimas en los ojos y no he podido averiguar la razón.

viernes, noviembre 12, 2004

Respondiendo a Imperator

Ahem... a veces pienso que lo mejor sería quedarse callado y se me entendería mejor. Vamos a ver...

Es erróneo afirmar que todas las opiniones son igualmente válidas. Las opiniones que matan a otras personas, por ejemplo. Las religiones son propensas a generar ese tipo de puntos de vista. Primer desacuerdo.

Lo primero acerca de las opiniones: pongo "...un tema en el que cada cual tiene una opinión tan personal y tan válida" y debería haber puesto "...en el que cada cual tiene una opinión tan personalmente válida". A ver si así se me entiende mejor.


Todavía sigo sin saber a qué te refieres exactamente con "auténtico". Desde que leo tu blog estoy con la duda. Nunca he visto un ser humano de pega.

Con respecto a tu pregunta acerca de la autenticidad del ser humano, tú mismo la respondes: efectivamente yo tampoco he visto ningún ser humano de pega. ¿Hago reiteración? Sí, sin duda, pero con el único objetivo de recalcar la propia cualidad del ser humano.


Falso. Las religiones hacen esfuerzos activos y dedican gran cantidad de tiempo y recursos para proselitizar y captar fieles. Los ateos no lo hacemos. Expresar tu opinión en un foro público no es enviar panfletos a casa, hacer presión legal para dificultarle las cosas al otro, etcétera. Respecto a la contaminación de un número de imbéciles aún mayor del que hay por parte de las sectas dominantes, es un tema que no me molesta lo más mínimo, del mismo modo que no me molesta respirar.

Con respecto a lo tercero, acerca de lo que hacen o dejan de hacer las religiones, te comento que en ningún momento en esa comparación que he hecho me he referido a ellas, sino a personas que profesan una religión. No lo saques del contexto en el que lo he planteado. Ambas personas son batalladores dialécticos... y en el caso de las religiones a veces batalladores militares. Pero aquí nadie está hablando del daño que han hecho las religiones a lo largo de la historia (y el que harán), sino del comportamiento de indivíduos normales. No hay ateos que pongan bombas o que hagan atentados, verdad. Pero sí los hay que se dedican a bombardear o por lo menos a menospreciar a aquellas personas que profesan una religión. Cuantitatívamente con respecto al daño que hacen son distintos el ateo extremo y el religioso extremo; pero cualitativamente, en la raíz, hay lo mismo: falta de respeto hacia el resto.


Conozco la religión que me rodea, por lo que tu afirmación se cae de culo. De hecho, conozco la religión dominante en mi entorno mejor que la mayoría de sus practicantes, y conozco más acerca del resto de religiones que muchas personas creyentes y no creyentes a mi alrededor por ser un tema que me interesa. Además, he sido creyente antes que agnóstico, y agnóstico antes que ateo. Me siento especialmente aludido por la frase sobre los religiosos, porque reconozco mi estilo. De modo que no creo que sea el orgullo lo que me impulsa a hacer tales afirmaciones, ni el desconocimiento. En cambio, la ignorancia es un poderoso motivador de las religiones, que tienen una laaaaarga y gloriosa historia de oposición al pensamiento racional y a la ilustración. Tampoco soy el compañero extremista de nadie, colega.

Lo cuarto: no pongo en duda que conoces las religiones, puesto que te conozco un poco y sé que tu nivel de cultura es elevado. Yo también las conozco, y, al igual que tú, antes he pasado por el estado de creyente y agnóstico antes de llegar a donde estoy. Pero todo el conocimiento que tengo acerca de las religiones no me ha dado el de saber qué impulsa a una persona determinada a profesarla, pues por suerte conozco personalmente a personas que profesan budismo, islam, cristianismo y judaismo y sé de lo que hablo. ¿Tienes ese conocimiento que te haga saber los impulsos y los motivos de las personas que profesan una religión para hacerlo? Si la respuesta es un "sí" sincero entonces me callaré, mi afirmación se caerá de culo como dices, y tendré otro motivo más para admirarte. Pero si la respuesta es un "no", entonces considero fuera de lugar cualquier generalización que hagas al respecto sobre las personas religiosas.


Al hacer afirmaciones ignorantes acerca de lo que sé o dejo de saber (por no hablar del resto de gente a la que mencionas) contradices esa afirmación flagrantemente. Por otro lado, a los fundamentalistas de cualquier especie que quieran matarte por no poner el ojete mirando a la Meca, el Vaticano o lo que sea, tu respeto les da igual.

Con respecto a lo de mi afirmación acerca de que no tenéis ni idea, estaré cometiendo el mismo error que tú si a la anterior pregunta has respondido "no". Es un error consciente y premeditado, como pongo un poco más adelante. Y como estoy casi cien por cien seguro de que si eres sincero me darás la razón en que ni tú ni yo ni nadie puede arremeter contra las creencias de un colectivo de miles de millones de personas sin conocerlas a todas y a cada una de ellas, creo que mi falta es por un buen motivo. Los libros sobre religiones son interesantes, te dan cultura y te hacen consciente de muchas constumbres de ciertos colectivos. Y fin. No hay más. Insisto amigo mío, no puedes saber qué hay detrás de cada corazón humano. Y si lo sabes, dime por favor dónde has estudiado que me apunto echando virutas ;).


Esa es la clase de supuesta amenaza vaga y ambigua que me lanzan de vez en cuando personas más creyentes que tú. Suponer que voy a empezar a creer en Dios porque me ocurra alguna desgracia es arriesgado. Es más probable que encuentre alguna explicación (y solución a mis problemas) que poner el culo en pompa frente a un ser mítico y su curia de ladrones y cobardes.

Ah, con respecto al tema del "regalito", tú lo has tomado como una amenaza pero no lo era. Me refería a una vivencia (trumática o no es igual, pero preferíría, dado que eres mi amigo, que no lo fuera) que te hiciera tener una visión más amplia. Por eso lo he llamado regalito, porque lo es. Y valioso. O por lo menos yo lo considero así.

Y con respecto a la pregunta final... uff... eso mejor mañana en el Chuzo.
Y no deberías tomarte a cuchufleta (si me he equivocado te pido perdón) mi deseo para tí. Es algo que considero hermoso y muy beneficioso.

Compadre... tienes todo el derecho a estar cabreado con el hermano Perkins y con la madre que lo echó al mundo, de la misma manera que estoy seguro de que lo tienes a estar cabreado con muchas otras personas. Pero te animo a no generalizar, y menos en este tema. Creo que te estás equivocando al hacerlo... o tal vez no. Pero en fin. Tú mismo.

Ah, muy buena la imagen final XD. Pero te digo una última cosa: conmigo no te hace falta echar mano ni de borderías ni de armas dialécticas: me conoces y deberías saberlo. Me considero una persona con la que se puede hablar, razonar y llegar a puntos en común con facilidad. Sé que en tu respuesta no has sacado la artillería pesada, pero imagino que has estado tentado de hacerlo ;).


Un abrazo.


PD: Capi, mi estilo es... es que casi no es ni estilo XD. Suelo escribir como vienen las cosas. Espero que esto te ayude a entender un poco mejor el por qué de mi entrada. Un saludo a tí y otro para Lady.

jueves, noviembre 11, 2004

De religiones y otras hierbas

...
¿Para qué? ¿Para qué ponerme a escribir sobre un tema en el que cada cual tiene una opinión tan personal y tan válida? ¿Para qué ponerme a hacer cábalas sobre las diferencias personales que tienen los religiosos y los no religiosos? ¿Para qué? No serviría de nada.

Voy a hacer otra cosa, que puede ser un ejercicio interesante: voy a plantearme en qué son parecidos, si no iguales, esas personas de uno y otro lado cuya opinión es suficientemente extrema como para plasmarla en ataques a los del lado contrario. A ello:

Ah, las personas... y aún hay quien me pregunta qué quiero decir cuando digo que el ser humano es algo auténtico.

Bien, las personas tienen creencias. No se me ocurre que exista ser humano que no las tenga, sean del tipo que sean. Bueno, sí se me ocurre uno, pero eso es otra historia. En efecto, casi todo el mundo tiene una serie de cuestiones más o menos grande de las que no está seguro, preguntas de las que cree saber la respuesta pero en las que hay un elemento de azar que consigue sacar la duda al escenario.
Y no estoy hablando de las Grandes Preguntas sobre las que hablo en el post anterior, sino de cuestiones cotidianas, mundanas, de todos los días: "Creo que lloverá, el cielo está nublado". "Creo que hoy había reunión. Si tengo suerte me escapo antes".

Absolutamente nadie que yo conozca tiene todas las pruebas acerca de todo. Las personas cercanas a mí, y que constituyen mi fragmento de Humanidad, son personas acosadas por las dudas. Y eso no es malo: la duda es algo inherente a la mente, y por tanto al ser humano. No creo que deban ser negadas o arrojadas a la basura. Son útiles: nos ponen alerta, nos hacen pensar, nos abren puertas que hasta entonces no habíamos visto... y en su justa medida, la duda no permite vivir cosas como la ilusión, la incertidumbre, la tensión... la duda trae riqueza a nuestras vidas. Insisto, en su justa medida.

Así pues tenemos que a diario hay preguntas a las que no somos capaces de responder con los datos que tenemos. Y si aspiramos a ofrecer una respuesta a esas preguntas entonces las ofreceremos en base a una creencia, sea cual sea.

Ahora bien, el problema aparente viene al aplicar este mismo proceso a esas Grandes Preguntas y observar lo que sucede.

Tal y como yo lo veo las religiones no dejan de ser otra cosa que intentos de dar una respuesta a esas preguntas. Como es evidente esa respuesta estará basada en la fe, es decir en la capacidad para creer en esa misma respuesta. Esta aparente paradoja se da por la imposibilidad de demostrar de manera fehaciente si esa respuesta es válida o no lo es, con el agravante de que, habitualmente, no es esperable averiguarlo en esta vida.

Claro, como las religiones son corporaciones o asociaciones creadas por humanos no han tardado en aparecer motivaciones secundarias que desvirtúan esa hermosa misión primigenia de dar una respuesta a esas preguntas a las que nadie puede responder. Intereses de diversos tipos hacen a las religiones grandes y poderosos entes a los que tener en cuenta en todas las sociedades, independientemente de los miembros que las conformen. Simplemente es así, y es así porque las religiones las conforman seres humanos, con virtudes humanas y defectos humanos.

De esta manera tendremos colectivos religiosos y colectivos no-religiosos dentro de una sociedad. Y dentro de cada uno de ellos tenemos a elementos extremistas que habitualmente dedican una significativa cantidad de tiempo y energía a bombardear al otro colectivo, sin darse cuenta de que en realidad son muy parecidos. Tomemos ahora un individuo de cada uno de ellos y comparémoslos:

Aunque seguro que hay opiniones discordantes al respecto, deberemos considerar a ambos individuos como humanos. Por que ambos son humanos, ¿verdad? Sigamos.

Ambos se basan en una certeza para atacar al otro: que es él el que tiene la razón, y que el otro se haya absolutamente errado. El uno ha hecho de su creencia una aparente certeza y el otro ha hecho de su no-creencia en la creencia del otro otra aparente certeza. El uno tiene la certeza de que su creencia es verdadera y el otro tiene la certeza de que esa creencia es falsa. Ambos tienen las mismas pruebas y ambos hacen juicios al respecto y deciden que la verdad es suya. Y claro, dos verdades contrarias no pueden existir al mismo tiempo, ¿verdad? Sigamos.

Ambos se hayan embarcados en una labor para concienciar al resto del mundo de que su visión del mundo es la verdadera y que el resto son falsas. Esta labor puede ser más o menos activa: un misionero que se va al otro lado del globo, un tertuliano que aprovecha conversaciones ocasionales para dejar entrever su opinión al respecto, un navegante de la web que pone un blog y plasma en él su visión del universo, un predicador que asalta a algún viandante ocasional para hablar con él... y es que es un tema que está presente a diario a nuestro alrededor. Es importante y no se puede permitir que el otro contamine a más gente ¿verdad? Sigamos.

Ambos hacen gala y galones de una falta de respeto sin precedentes a la hora de decidir sobre el resto de la humanidad y sobre su conducta. "Los religiosos son, por regla general, unos retrasados" o ?"os ateos deben ser unos infelices, descastados y sin creencias y morirse es lo mejor que podrían hacer" son algunas de las perlas oídas por estas orejas que se ha de comer la tierra a alguna gente que tienen exactamente la misma idea que un grillo acerca de lo que están hablando y que son demasiado orgullosos para decir "No tengo ni idea de lo que pasa a mi alrededor como para encima andarme con tonterías", que es lo que la única certeza que tiene el que ahora escribe. Pero claro, reconocer que algo nos es sencillamente desconocido es algo inadmisible, ¿verdad compañeros extremistas?

Olvidaos. No tenéis ni idea. Yo tampoco, pero al menos tengo respeto. Creéis que sois los dueños de la verdad absoluta y es falso. No me importa que me demostréis lógicamente la existencia o la inexistencia de Dios. No me importa que le afirméis o que le neguéis, ni me importa que penséis que estáis en lo cierto. De hecho, no me importa lo que penséis al leer estas líneas. Pero tampoco me importaría que la vida os hiciera un regalito de esos que a veces suelta como quien no quiere la cosa, y que os haga ver de una vez que detrás de esa cara que conforma vuestro universo, hay otra que es igual de verdadera. Os deseo que la vida os regale la capacidad para reíros de vuestra estupidez cuando seáis conscientes de ello, porque, creedme, es el mejor regalo que podríais recibir.

Un poco de respeto por favor. Seguramente yo estoy teniendo una pequeña falta de respeto para con vosotros, adalides de vuestra creencia, sea cual sea, al deciros todo esto. Pero confío en que será para bien, pues si no, no lo haría. Y, en cualquier caso, es una falta menor que la vuestra.

Respetad a aquellos que tienen una creencia distinta de la vuestra. Respetad a los que dicen que tienen creencias y respetad a aquellos que dicen que no las tienen. Y ocupaos de vosotros, que creo que es una tarea más que suficiente.

Y ahora, os lanzo una pregunta, de esas grandes y aparentemente sencillas: ¿seréis capaces de decir qué no es un objeto, si no sabéis qué es ese objeto? O dicho de otra manera: ¿se puede saber qué no es, si no se sabe qué es?

Ah, si alguien se siente herido por esta entrada, que se pregunte primero por qué se siente herido, y después si la culpa es de lo que se dice en la entrada o de su propia conducta. Tomadlo como una oportunidad para crecer y para haceros más tolerantes. A algunos ya nos tenéis las narices como un portaaviones.

De nada.

domingo, octubre 17, 2004

¿Cuál es el sentido de la vida?

Es una pregunta mal planteada desde el principio. Como todas las preguntas que aspiran a obtener una respuesta objetiva, en la que el objeto de la pregunta, en este caso el ser humano, sea visto desde fuera.

Las personas solemos olvidarnos de que es extremadamente complicado, por no decir imposible, que un sujeto plantee cuestiones sobre sí mismo y aspire a que su visión sea objetiva.

Hace unos días leí el post de la bella Cassandra en la que autora hace una pregunta que imagino que todo ser humano se habrá hecho en alguna ocasión: ¿cuál es el sentido de la vida?

Me temo que no sé la respuesta, pero que creo que puedo dar una orientación que no va del todo desencaminada. Como he dicho, ignoro cuál es el sentido de la vida, pero de lo que sí sé es que las personas que se mueven por ella sin estarse planteando permanentemente si tiene sentido o no, están más cerca que los que dedicamos tiempo y energía a intentar solucionar una cuestión que no requiere de solución.

Y con esto no estoy planteando que esas personas, a las que considero más sabias que yo, sean en absoluto inconscientes o inmaduras, sino precisamente todo lo contrario: han conseguido poner sus preferencias en el orden que considero correcto, prestando atención a los problemas da cada día, a las cosas mundanas, a los temas que realmente requieren atención porque están cambiando continuamente. No se les ocurre perder ni un ápice de su tiempo preguntándose si la vida tiene o no tiene sentido, como hago yo. Suficientes problemas hay que solucionar para estar prestando atención a tonterías. Creo que ellos han dado con la respuesta.

En la vida todo es movimiento. Aquello que está inmóvil está muerto. Los humanos estamos vivos. Las construcciones que hacemos habitualmente no. Un concepto está muerto. Una idea está muerta. Un esquema mental está muerto. Un objetivo está muerto.

Solamente cobran vida cuando tienen traducción al mundo real. Una idea solamente puede vivir si hay una realidad que la soporte; un concepto solamente late cuando es aplicable a lo que nos rodea y nos ayuda a ver mejor cómo funciona esto; un esquema mental respira cuando las acciones de un ser humano se ajustan a él; un objetivo vive cuando la persona pone empeño, energía e ilusión para que se cumpla. Estas y todas las entidades que nacen de la mente no se pueden disociar de lo que llamamos realidad, porque pierden todo el sentido. ¿Por qué entonces hay personas que nos centramos en el lado equivocado de la cuestión? ¿Por qué centrarse en los conceptos, en buscar las respuestas a las grandes preguntas del ser humano, y no prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor? Porque, no nos engañemos, no se puede estar al mismo tiempo ocupándose de temas metafísicos y físicos al mismo tiempo. Vamos, yo por lo menos no puedo. ¿Por qué?

Pues creo que porque durante un tiempo estuvimos en contacto con la vida, con el mundo, y lo que vimos no nos gustó un pelo. Naturalmente que hubo cosas buenas, pero las perjudiciales o bien fueron mayoría o bien nos afectaron más de la cuenta. Eso ayuda a las personas a cerrarse en banda porque una de las características del ser humanos más hermosas y terribles es la capacidad de pensar que está separado de cuanto le rodea. Lo sé. Lo he vivido. Y comprendo a las personas que no encuentran respuestas. No entendemos qué es lo que mueve el mundo, ni como funciona, ni qué hacemos nosotros aquí, ni si tenemos que hacer algo en particular, ni si hay maneras mejores o peores de vivir y cuales son.

La respuesta a todas esas preguntas grandiosas está a nuestro alrededor, flotando como la niebla. No la podemos coger, ni herir, ni adueñarnos de ella. Y sin embargo nunca deja de acompañarnos. Sencillamente porque nosotros SOMOS la respuesta. Tanto si una persona es extremadamente religiosa como si es un firme defensor de lo que nos llega a través de los sentidos, tarde o temprano llegarán a esta conclusión. La solución jamás es independiente del problema. ¿Cómo podría serlo? Están una dentro de la otra.

Aparte, no se puede saber cuál es el sentido de la vida porque no sabemos lo que es la vida. Sabemos cómo funciona, conocemos las casi infinitas formas que puede tomar, sabemos como hacer crezca y cómo hacer que se marchite, pero realmente no tenemos ni idea de lo que es. Pregúntale a un biólogo lo que es la vida y te empezará a hablar de reacciones químicas, de moléculas, de células y de ADN. Ellos, evidentemente, creerán que tienen razón, que saben lo que es, pero la realidad es que no estudian la vida sino sus manifestaciones. Es algo así como leer la partitura de una sinfonía en vez de escucharla. Sí, se saben cuales son las notas de la sinfonía, pero no hemos oído nada de nada. Ignoramos cómo suena la música de la vida.

No Cassandra querida. Lo que te planteas no tiene respuesta. Y si prestas atención a todo lo anterior, y a todo lo que toda la maravillosa gente que tienes a tu lado, te ha dicho, descubrirás que la falta de sentido de tu vida no es tal, sino que tienes la libertad de darle a tu vida el sentido que quieras. Puedes convertirte en una diosa o vivir como una ermitaña. Pueden aspirar a amasar grandes cantidades de dinero o centrarte en conocer los recovecos del espíritu. Puedes dedicarte a hacer felices a pequeños, mayores, a todos, o centrarte únicamente en ti misma. En este juego tú pones las reglas. Tú mandas. Tú eres la dueña.

Sí, lo sé: no puedes controlar lo que tienes a tu alrededor: hay personas que mueren todos los días bajo las bombas, niños que son ametrallados, personas mayores que mueren solas en sus casas, mujeres que caen bajo los golpes de sus maridos, amigos que traicionan y olvidan... y tantas cosas horribles. Dado pues que la vida en general parece que va a lo suyo ¿por qué no hacer lo mismo? Cuidado, esto no lo confundas con una apología del egocentrismo, pero sí de un egoísmo equilibrado. No, no puedes controlar lo que sucede fuera, pero sí lo que sucede dentro, que es lo realmente importante. La vida pasa a través nuestro, la vemos con nuestros ojos, la tocamos con nuestras manos, la sentimos con nuestro ser. Si variamos la forma en la que usamos nuestros ojos y manos variaremos la visión que de ella tenemos. Y no tengas miedo a perder la perspectiva objetiva, porque como yo y como todo el resto del universo, nunca la has tenido. Es bonito pensar que nuestra visión, fruto de horas y días y años de meditación y de reflexión interna es más cercana a la realidad y a la objetividad que la de la mayoría de la gente, pero no es cierto. Es una falacia. Yo no tengo una visión más cercana a la realidad que alguien que haya estado veinte años en una burbuja. Como mucho tendré más conocimiento de lo que pasa por el mundo, pero no estaré más cercano al supremo conocimiento que él. Repito, tienes el poder de convertir esto en lo que quieras, no porque controles lo que te llega, sino porque tienes el poder de traducirlo a lo que quieras. Tú escoges los colores con los que pintar tu cuadro.

Piensa que estamos en un donut gigante, en una especie de rueda, y que vamos andando alrededor de ella. Habrá gente que ande más deprisa, que ande más despacio, gente que incluso estará parada. Pero por muy deprisa que se ande, por muchas veces que se dé la vuelta a la rueda y se conozca cada recoveco de cada tramo de la misma, no se estará más cerca del centro. Ignora a aquellos que te digan ?la vida es así o es asá? o mándales a freír espárragos. No están más cerca que tú ni que nadie. La vida es como tú la ves y sanseacabó. Y eres tú quien decide cómo la ves y por tanto cómo es.

Y todo este rollo ¿para qué? Pues para intentar demostrar algo evidente: que lo único que importa y lo único a lo que aspirar, es a ser todo lo felices que podamos. Realmente el ser humano nunca ha dejado de ser libre, y lo curioso del caso es que ha elegido ser libre para encerrarse. Pero es igualmente libre para salir cuando quiera de su auto construida prisión, pues tiene la llave de la celda en el bolsillo. De manera, bella Cassandra, que no busques la llave fuera ni esperes a tener la suficiente visión como para atravesar la oscuridad de la cárcel e intentar ver la llave colgando de un clavo fijado de una de las oscuras y húmedas paredes. Es muchísimo más sencillo: mete la mano en tu bolsillo, saca la llave, abre la puerta de la celda, y sal a contemplar las estrellas.

PD: No puse ningún comentario a tu post porque es difícil resumir todo esto en unas pocas líneas. Espero que te sirva para algo, pues a mí sí me ha servido. Cuídate mucho y un besazo princesa.